La competitividad de las empresas depende de modo directo de la productividad de sus empleados. En este sentido, ser capaces de mejorar la productividad se convierte un objetivo clave para muchas empresas de todos los sectores económicos.
La experiencia demuestra que los empleados no utilizan el tiempo disponible al 100% debido a numerosas ineficiencias y a una deficiente supervisión y organización del trabajo.


